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La colección de Anna Gamazo de Abelló es uno de los acervos de fotografía latinoamericana más importantes de Europa. Latin Fire revisa sus fondos para presentar una exposición –compuesta por más de ciento ochenta obras de cerca de sesenta artistas de ocho países diferentes–que muestra facetas poco conocidas dentro del marco general de la fotografía latinoamericana.

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Las protestas sociales tienen su espacio en la muestra. Esta imagen muestra las barricadas levantadas en Buenos Aires, en 2001, contra las medidas del presidente Fernando de la Rúa.

Más allá de pretender trazar localismos, la muestra expone rasgos comunes que pueden hallarse en las temáticas candentes en la región en un periodo de alta efervescencia política y social como es la segunda mitad del siglo XX. Las obras, realizadas entre 1958 y 2010, oscilan desde el fuego de las armas, las revoluciones, los movimientos reivindicativos de género o raza y las luchas culturales y contraculturales, hasta la fogosidad de la vida nocturna y marginal de ciudades como Lima, México D.F., Buenos Aires, Caracas, Santiago y La Habana.

Los artistas emplean una gran diversidad de técnicas, materiales y soportes, desde la fotografía tradicional, la heliografía, la fotocopia o incluso imágenes reproducidas en offset. La imagen fotográfica se convierte así en material de apropiación y de experimentación.

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Volando bajo, 1988. Pablo Ortiz Monasterio

En la muestra Latin Fire buscamos visibilizar facetas poco conocidas dentro del marco general de la fotografía latinoamericana. Más allá de localismos o de estandarizaciones regionales, la selección de fotografías expone ciertos rasgos comunes que se tejen a través de temáticas candentes presentes en la región en periodos de alta efervescencia política y social en las décadas que van de mediados de siglo XX hasta principios del nuevo milenio.

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Boda en Tijuana, 1972. José Luis Venegas.

El objetivo es ilustrar principalmente una actitud. Ser latino es cuestión de actitud: las expresiones que a menudo escuchamos, como ser bacano, chévere, chido, legal, chingón, vienen de un comportamiento o psicología del latinoamericano. Hay características que recorren el continente y una de ellas es la metáfora que sirve de principio rector a la muestra: el fuego. El carácter cultural fogoso, esa genealogía que permite trazar en el mapa una relación casi familiar entre latinos que están prontos a estallar, sea por una causa tan banal como la rumba, la vida nocturna y el alicoramiento o por motivos tan serios como los compromisos sociales y políticos.

Euforia y melodrama son parte de la cotidianidad de los países retratados por los cincuenta y dos artistas presentes, cada uno en su capacidad de alcanzar simultáneamente sensaciones tan distintas como el exceso de humor o el exceso de dolor. Hay un goce en el espíritu de sacrificio por una mejor sociedad o un delirio por vivir sueños apasionados. Por más compostura que traten de mostrar militares, divas, guaruras, metaleros o sicarios, la vida cotidiana se relata en historias de cine o letras de canciones que siempre están cargadas de condimentos y picante.

Texto extraído de la página web de CentroCentro, donde se celebra la exposición

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‘Sin título’, es una de las fotografías de la serie ‘Chicha’ que el peruano Nicolás Torres realizó entre 1990 y 1994 para documentar la estética y alegría de vivir de la clase obrera del barrio de Carretera Central.