Kantor

Artista polifacético, figura crucial de la vanguardia del siglo XX, Tadeusz Kantor (1915-1990) fue un profundo renovador del teatro y sus montajes inspiraron a dramaturgos y directores de escena de todo el mundo. EnTeatro de la muerte y otros ensayos (1944-1986) se reúnen los siete textos principales de su producción ensayística, desde los tiempos en que montaba clandestinamente obras en casas de amigos en la Cracovia ocupada por los nazis, hasta las «Lecciones milanesas», pronunciadas ante un público de estudiantes en 1986. Kántor describe aquí su concepción del arte y el teatro, su forma de trabajar y sus recursos para tratar el drama, el espacio y a los actores. También traza una historia personal de las vanguardias del siglo XX –de la abstracción y el constructivismo hasta el arte informal y el happening– de las que se considera heredero, pero siempre con la conciencia de que hasta lo más revolucionario se convierte con el tiempo en manierismo, estructura fósil y bien de consumo. La «desintegración de la ilusión» y la lucha contra el naturalismo son para él «la única oportunidad de reencontrarse con la REALIDAD» y de crear un teatro autónomo en el que drama, actores y espectadores se nivelen a fin de que «todo aquello que sucede sobre las tablas de un escenario sea un acontecimiento».

Tadeusz

Tadeusz Kantor nació en 1915, de madre católica y padre judío, en la pequeña localidad de Wielopole (Galitzia), por entonces parte del Imperio Austrohúngaro. Fue criado por su madre y el tío de ésta, párroco de la localidad, después de que su padre los abandonara tras de combatir en la Primera Guerra Mundial. En 1934 ingresó en la Academia de Bellas Artes de Cracovia, donde estudió artes plásticas y escenografía con Karol Frycz, uno de los mayores escenógrafos polacos de entreguerras. En 1942, en plena ocupación nazi, fundó una compañía clandestina y experimental con la que estrenó dos obras: Balladyna (1943), Julius Slowacki, y El retorno de Ulises (1944), de Stanislaw Wyspianski. En 1955, año clave de su carrera, creó, junto con un grupo de actores, artistas plásticos y críticos teatrales, el Teatro Cricot 2, un laboratorio de ideas que le permitiría desarrollar y poner en práctica su particular visión del teatro. Veinte años después consiguió reconocimiento mundial con el estreno de La clase muerta (1975), que inició la etapa del “Teatro de la muerte”: una reflexión sobre el paso del tiempo, la memoria y el escenario teatral como lugar de encuentro de vivos y muertos. De ella escribió Peter Brook: “Un espectáculo tras el cual el teatro no volvió a ser el mismo”. Después vendrían otros éxitos internacionales: Wielopole, Wielopole (1980) y Que se mueran los artistas (1985). Kantor murió en 1990 sin poder asistir al estreno de su último trabajo, Hoy es mi cumpleaños (1991).