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La modernidad supone diversos estándares económicos, sociales, políticos y culturales, también morales, que en nuestro país no llegaron a darse durante mucho tiempo (y que todavía hoy es dudoso se hayan alcanzado, al menos en alguno de esos aspectos). Tras las transformaciones habidas durante la IIª República y los proyectos frustrados por el estallido de la Guerra Civil, “normalidad” fue uno de los modos de referirse a la modernidad. La pintura y la escultura trabajaron con determinación en ese sentido cosechando éxitos muchas veces inesperados. El gesto informalista de artistas como Tàpies, Chillida, Saura, Millares, Ràfols, etc, la ironía del realismo crítico de Eduardo Arroyo, Equipo Crónica, Juan Genovés, Equipo Realidad, el lenguaje original de Luis Gordillo, para citar solo algunos nombres conocidos, la actividad polémica de las diversas formas de conceptualismo, socavaron -en ocasiones con su sola presencia, a veces de una forma explícita- la vida acartonada y represiva autoritariamente impuesta, y lo hicieron con obras que desbordaban los límites de la resistencia política, obras que continúan teniendo vigencia artística, estética y cultural. Pinturas y esculturas que constituyen la base de un diálogo con formas inéditas, con proyectos en realización, singulares muchas veces, casi siempre originales, que nos obligan a mirar el arte de una manera diferente: convertirnos en “espectadores” nuevos, pues sabido es que todo arte, el que se hace ahora y el que se hizo en aquellos años, crea a sus propios espectadores, su propio mundo.

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Equipo Crónica. La derrota de Samotracia, 1972

La búsqueda de la “normalidad” fue una de las constantes de la cultura y el arte en España a partir de 1940. La Guerra Civil, el exilio y la muy larga posguerra, trajeron consigo un tipo de vida que alejaba a nuestro país de los estándares occidentales, tanto en lo político como en lo cultural, en lo económico y en lo social, en lo moral y en lo artístico. Durante cerca de cuarenta años el arte y, en general, la cultura, se entendieron como una forma de “respuesta” y de “resistencia” que desbordó ampliamente los límites marcados por la situación creada después de 1939. Paradójicamente, fueron años en los que se realizaron algunas de las obras más importantes de nuestro arte moderno, las de Antoni Tàpies, Manuel Millares, Eduardo Chillida, Antonio Saura, A. Ràfols, Casamada, etc., las obras del realismo crítico e irónico, del conceptualismo, un panorama abierto después, ya en los años setenta y ochenta, a una fecunda diversidad.

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Juan Genovés. El abrazo, 1976

Este volumen estudia también lo acontecido en el cambio de siglo, cuando la “normalidad” está precariamente asentada: autores que desbordan cánones y convenciones, “coexistencia” de técnicas y medios, géneros y lenguajes, la pintura al óleo y el trabajo con ordenadores, la actividad conceptual, el compromiso político, feminista, ecológico, la provocación de artistas que se niegan a aceptar lo establecido.

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Valeriano Bozal (Madrid, 1940) ha sido profesor de estética en la UNAM y catedrático de arte contemporáneo en la Universidad Complutense de Madrid. Ambas materias, estética e historia del arte, son el motivo central de sus estudios y publicaciones. Entre sus libros cabe destacar: El gusto (1999), Necesidad de la ironía (1999),Johannes Vermeer de Delft (2002), El tiempo del estupor. La pintura europea tras la Segunda Guerra Mundial(2004), Luis Fernández (2005), Francisco Goya. Vida y obra (2006), Estudios de arte contemporáneo, I y II(2006), y Pieter Bruegel. Triunfos, muerte y vida (2010).

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Miquel Barceló. Cúpula de la Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de las Civilizaciones en el edificio de la ONU, Ginebra