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La iconología de Cesare Ripa es un momento capital de lo que con el paso de los siglos se ha dado en llamar teoría  ciencia de las imágenes así como una imprescindible fuente literaria para la comprensión de buena parte del arte moderno, desde la época del Barroco hasta el mundo contemporáneo. Publicada la edición princeps en la Roma de finales del siglo XVI (1593) como el libro en que aparecían alfabéticamente ordenadas descripciones de alegorías, tuvo pronto numerosas ediciones (13 italianas, 7 francesas, 4 alemanas y 6 holandesas), cada vez más completas en el número de sus alegorías y, a partir de la tercera italiana, ilustradas con grabados alusivas a las mismas.

Ateniéndose a la tradición pedagógica horaciana de que la demostración visual es más efectiva que cualquier introducción verbal, Ripa avanzó en el camino de la tradición hermética de las culturas de la Antigüedad. Tomando como referencia los Jeroglíficos de Oro Apolo y los Hyeroglyphica de Piero Valeriano, y acudiendo a las más diversas fuentes literarias (Homero, Horacio, Ovidio, Virgilio, Estacio, Ariosto, Dante, Petrarca, Tasso, san Agustín, santo Tomás, etc), Ripa creó en su obra el primer discurso sistematizado de texto e imagen sobre las alegorías, los emblemas, los atributos y los símbolos que, según uno de los editores de la obra, personifican las pasiones, las virtudes, los vicios y todos los diferentes estados de la vida humana.

En el libro de Ripa encontraron su fuente de inspiración artistas tan importantes como, entre otros, Domenichino, Pietro da Cortona, Luca Giordano, Tiépolo, Charles Le Brun, Nicolás Poussin, François Boucher, Vermeer de Delft, Juan de Arfe, Francisco Pacheco, Velázquez, Palomino, Mengs e incluso el propio Goya, y hasta tal extremo fue importante su repercusión en el arte que E. Mâle no dudó en reconocer en su estudio sobre el arte barroco que “con Ripa en la mano, podía explicar la mayor parte de las alegorías que adornaban los palacios y las iglesias de Roma”.