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Este libro se lee como una juerga  flamenca. En la lista de invitados aparecen noctívagos de vocación, artistas del hambre, guardaespaldas afanados, guitarristas virtuosos, promotores de poco escrúpulo, estilistas de presidio, aduladores que persiguen una migaja del genio, y algunos, más bien pocos, amigos verdaderos. Y, como anfitrión de todo esto, Camarón de la Isla.

En Camarón de la Isla. El dolor de un príncipe, Francisco Peregil propone un recorrido por los ambientes en que vivió el artista. Aquellos paisajes de su infancia, las casas con las ventanas desdentadas entre las que aquel gitanillo rubio repartía alcayatas en bicicleta, viviendas como la suya, donde ocho hermanos se tropezaban con los colchones en el suelo. Aquellos tablaos en los que triunfó al cante, donde recibió los elogios más rotundos y los claveles más rojos, pero donde también los guiños tramposos de la fama se lo llevaron para nunca traerlo de vuelta. Y aquellos escenarios en los que gastó sus últimos días, hasta que le llegó la hora de hincar las uñas en el brazo de Ramón, de a ojarlas poco a poco, y de que su mano cayera por siempre sobre la cama.

Quienes lo conocieron más íntimamente también trazan con sus palabras este retrato. Paco de Lucía le contaba al autor sobre Camarón: “Era tan perfecto que parecía una máquina. Hablo como músico. Porque a los aficionados les gusta, pero no saben por qué les gusta. No saben por qué llegaba donde llegaba. La afinación que tenía cantando era la de un instrumento. Eso no lo he escuchado nunca. Afinaba todas las frases, y cada nota de los giros. Y luego esos tercios largos que hacía, que parecía que no iba a llegar, con un pecho muy chiquitito. con tres paquetes de tabaco…Y llegaba al final del tercio que yo a veces me ahogaba de verlo”.

En suma, Francisco Peregil nos introduce en los ambientes más reservados del flamenco para enfrentarnosal misterio de aquella voz inigualable. Esta edición —el libro se publicó originalmente en 1993— incluye un epílogo inédito de Silvia Cruz, que explora la evolución del mito.

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Francisco Peregil trabaja como corresponsal en Sudamérica para el diario El País. Ha cubierto para el mismo medio varias catástrofes naturales como los terremotos de Pakistán (2005), Italia (2009) o Haití (2010); y algunos desastres no tan naturales , como las guerras de Afganistán (2001), Irak (2003) o Libia (2011). En los últimos veinte años ha escrito varias novelas, una de las cuales (Era tan bella) fue mención especial del Premio Nadal en 2001.