El legendario cineasta apátrida Jonas Mekas, de 94 años, visita Madrid con motivo de la exposición que Filmadrid le dedica al icono del cine independiente y experimental americano.

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«Me gustan las cosas que están fuera de control. En cierto punto, el artista se pondrá firme, detendrá al medio y lo domesticará, utilizándolo para cultivar los campos de su propia imaginación. Pero, por el momento, el toro corre a su antojo. (…) Las corrientes que avanzan entre nosotros y que los artistas externalizan han madurado, contienen múltiples impulsos y brotan efusivamente, de forma incontrolable y hasta ahora desconocida. Hasta los artistas de vanguardia, sentados junto al público, se sorprenden y repiten: “¿Qué demonios está pasando?”.»

Si pocas veces en la historia ha habido una usina cultural como la Nueva York de los años sesenta, menos frecuentes aún son las figuras que han sabido hacerle frente a semejante torrente de creación para interpretarlo en toda su magnitud. Una de esas raras excepciones es Jonas Mekas (Lituania, 1922), quien compuso lentamente, texto a texto y casi sin darse cuenta, una de las genealogías más profundas y exhaustivas de la irrupción renovadora del arte y su repercusión en todas las esferas de la vida social de la segunda mitad del siglo XX. Cuaderno de los sesenta. Escritos 1958-2010 es una selección de ese vasto corpus crítico que puede ser leído al mismo tiempo como un manual de contraperiodismo y como un manifiesto poético confeccionado sobre la marcha a partir de una constelación ecléctica de artistas revolucionarios que incluye, entre otros, a Andy Warhol, John Cage, Pier Paolo Pasolini, Susan Sontag, John Lennon y Yoko Ono, William S. Burroughs, Jack Smith, Hermann Nitsch y Maya Deren.

A través de entrevistas a múltiples voces, críticas de películas underground prohibidas, crónicas de happenings sangrientos y reseñas de obras teatrales en lofts ocupados en mitad de la noche, estos escritos en primera persona de Mekas –tomados de su columna fundacional “Diario de cine” del Village Voice como también de su archivo personal de textos inéditos– vuelven una y otra vez a las prácticas más radicales de los sesenta para iluminar una ideología contracultural que resuena hasta el día de hoy. Esa que insiste en que el verdadero arte es aquel que vuela por debajo de los radares del establishment para impactar de lleno en las tradiciones de su tiempo y volverse, en palabras del propio Mekas, “el escupitajo más sagrado” de toda generación.